
Vino y cocina marroquí: maridajes especiados
Las mejores combinaciones de vinos con platos marroquíes llenos de especias.
La cocina marroquí es un festín de aromas y sabores intensos, con especias como el comino, la canela, el azafrán y el jengibre que dan vida a cada bocado. Pero, ¿qué vino elegir para acompañar estas delicias?
El maridaje entre vino y cocina marroquí puede parecer un desafío debido a su complejidad gustativa, pero con las elecciones correctas, se pueden lograr combinaciones exquisitas que realzan tanto el plato como la bebida.
Descubre qué vinos armonizan mejor con el tajine, el cuscús o la pastela y sorprende tu paladar con estos maridajes especiados.
La riqueza de la cocina marroquí y sus desafíos para el maridaje
Marruecos es una tierra de tradiciones culinarias ancestrales, influenciada por la cocina árabe, bereber, mediterránea y subsahariana. Los platos están cargados de especias, frutas secas, hierbas frescas y técnicas de cocción lentas que aportan profundidad y matices dulces, salados y picantes.
El desafío al elegir un vino para estos platos radica en equilibrar la intensidad de los sabores sin que el alcohol o los taninos dominen el perfil del platillo. Es por eso que los vinos blancos aromáticos, los tintos suaves y especiados, e incluso algunos espumosos, pueden ser excelentes opciones.
Maridajes perfectos: vinos que armonizan con platos marroquíes
Tajine de cordero con ciruelas y almendras – Tintos afrutados y especiados
Este clásico de la cocina marroquí combina la suavidad del cordero con el dulzor de las ciruelas y el toque crujiente de las almendras.
Para equilibrar su riqueza, se recomienda un vino tinto de cuerpo medio con notas de frutas rojas y especias, como un Grenache, un Syrah del Ródano o un Tempranillo joven. Estos vinos resaltan la dulzura del plato sin sobrecargarlo.
Cuscús de pollo con verduras – Blancos aromáticos y frescos
El cuscús es ligero pero lleno de matices gracias al uso de especias como la cúrcuma y el cilantro. Un blanco fresco y floral, como un Riesling seco, un Gewürztraminer o incluso un Verdejo con buena acidez, armoniza perfectamente con los ingredientes y aporta una sensación refrescante en boca.
Pastela marroquí – Blancos con crianza o espumosos brut
Este emblemático pastel hojaldrado relleno de pollo, almendras y especias combina notas dulces y saladas. Un Chardonnay con crianza en barrica complementa la textura y los aromas tostados del plato, mientras que un espumoso brut, como un Cava o un Champagne, aporta equilibrio y limpia el paladar entre bocados.
Harira – Tintos suaves con buena acidez
La harira es una sopa reconfortante hecha con tomate, legumbres y carne, con un leve toque especiado. Para este plato, un Pinot Noir ligero o un Gamay son opciones ideales, ya que su frescura y taninos suaves armonizan con la acidez del tomate sin sobrepasar los sabores de la sopa.
Mechoui (cordero asado) – Tintos estructurados y elegantes
El mechoui, un cordero asado lentamente hasta alcanzar una textura jugosa y tierna, se realza con tintos con buena estructura y taninos sedosos.
Un Cabernet Sauvignon de Burdeos, un Malbec argentino o un Syrah del Valle del Ródano encajan a la perfección, aportando profundidad y notas ahumadas al maridaje.
Postres con miel y frutos secos – Dulces naturales y moscateles
Dulces emblemáticos como los chebakia o los briwats de almendra encuentran su mejor aliado en vinos dulces pero equilibrados.
Un Moscatel de Alejandría, un Sauternes francés o un Tokaji húngaro resaltan la miel y los frutos secos sin saturar el paladar.
¿Y qué pasa con los vinos marroquíes?
Marruecos tiene una tradición vitivinícola en crecimiento, con regiones como Meknés y el Valle del Guerrouane produciendo vinos cada vez más interesantes.
Sus tintos de Syrah y Carignan, así como sus blancos de Sauvignon Blanc, pueden ser una excelente opción para maridar platos locales.
Si tienes la oportunidad, probar un vino marroquí junto con un plato tradicional puede ser una experiencia auténtica y enriquecedora.
Explora nuevas combinaciones y experimenta con los sabores
El maridaje entre vino y cocina marroquí es una oportunidad para descubrir nuevas sensaciones y jugar con contrastes entre especias, dulzor y acidez.
No hay reglas estrictas: lo importante es encontrar el equilibrio que mejor se adapte a tu paladar.
Anímate a probar estas combinaciones y sorprende a tus invitados con un festín de aromas y sabores inolvidables.
