
La Ribeira Sacra, un tesoro vitivinícola en camino a ser Patrimonio de la Humanidad
Un paisaje de viñedos y monasterios que aspira a un reconocimiento mundial
Entre los cañones del Sil y el Miño, en el corazón de Galicia, se esconde uno de los enclaves más singulares de España: la Ribeira Sacra.
Esta tierra de viñedos en bancales, donde la viticultura heroica desafía las pendientes vertiginosas, ha sido propuesta nuevamente para convertirse en Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO.
El paisaje de la Ribeira Sacra es una simbiosis perfecta entre el trabajo humano y la naturaleza, donde la tradición vinícola convive con un legado histórico milenario.
Con más de 1.200 años de historia vitivinícola documentada y monasterios medievales que salpican el territorio, la candidatura de este enclave gallego busca reforzar el valor cultural y natural de España en el panorama mundial.
Un legado histórico que se entrelaza con el vino
El término Ribeira Sacra, que significa “orilla sagrada”, hace honor a los numerosos monasterios que poblaron la zona desde la Edad Media.
Construidos en su mayoría entre los siglos IX y XII, estos templos fueron no solo centros de espiritualidad, sino también guardianes del conocimiento enológico que se ha transmitido a lo largo de los siglos.
Uno de los más emblemáticos es el Monasterio de San Pedro de Rocas, considerado el más antiguo de Galicia, cuyo origen rupestre se remonta al siglo VI.
Pero la Ribeira Sacra no solo es historia; su geografía única y su clima han permitido el desarrollo de una viticultura extrema, donde los viñedos trepan por las laderas en terrazas empinadas, creando un paisaje espectacular.
La región, reconocida con la Denominación de Origen Ribeira Sacra, es famosa por sus tintos de Mencía y sus blancos de Godello, que han conquistado los paladares más exigentes.
Su producción, marcada por el esfuerzo manual y la dificultad del terreno, ha dado lugar a vinos con una personalidad única, convirtiendo a la zona en un referente del enoturismo en España.
Un proceso de candidatura con retos y esperanza
El camino hacia el reconocimiento de la UNESCO ha sido largo. En 2020, la primera candidatura de la Ribeira Sacra fue rechazada por el Consejo Internacional de Monumentos y Sitios (ICOMOS), que consideró que la propuesta debía destacar mejor la interacción entre la naturaleza y la actividad humana.
Este revés no detuvo a los impulsores del proyecto, quienes han trabajado en una nueva candidatura bajo el título «Paisaje Cultural del Agua de la Ribeira Sacra», resaltando el papel crucial del río Sil y el Miño en la configuración del territorio.
La resolución final se espera para 2026, y de ser favorable, la Ribeira Sacra se sumaría a la lista de Patrimonios de la Humanidad, junto a otros emblemas gallegos como la Muralla Romana de Lugo o la ciudad vieja de Santiago de Compostela.
Un destino que enamora a quienes lo visitan
Más allá de su candidatura, la Ribeira Sacra ya es un destino de gran atractivo para viajeros y amantes del vino. Sus miradores vertiginosos, sus viñedos en terrazas y la posibilidad de recorrer los cañones en catamarán o kayak, hacen que la experiencia sea única.
Además, la ruta del vino de la Ribeira Sacra permite descubrir bodegas tradicionales y degustar vinos que reflejan la esencia del territorio.
Con un paisaje que desafía las leyes de la gravedad y una historia que se entrelaza con la viticultura y el arte, la Ribeira Sacra sigue cautivando a quienes la visitan.
Su reconocimiento por la UNESCO aún está pendiente, pero su valor, tanto enológico como cultural, es incuestionable.
